Velocidad autolimitada obligatoria desde 2022

18 abril, 2019
J. ROBREDO
Lo llevarán los coches nuevos a partir de 2022

Otro golpe de tuerca legalista a la conducción automovilística en Europa acaba de ser propinado por el Parlamento Europeo, mediante una normativa ratificada el 16 de abril mediante la cual todos los coches nuevos fabricados de aquí a 2022 deberán llevar un radar limitador de velocidad por el lector de señales.

La medida forma parte de un paquete de 9 sistemas de seguridad, aunque sin duda es la más polémica. Se le denomina “Asistente inteligente de velocidad”, y obtiene los datos para aplicar su limitación de los cartográficos “on line” así como de la lectura de las señales de tráfico. Esta normativa, previamente acordada con los ministros de los Estados miembros, afecta a todos los coches, furgonetas, camiones y autobuses nuevos.

No obstante, por ahora el conductor tendrá la opción de desactivar esta función en su vehículo y se desconoce cuándo será de uso obligatorio. Asimismo, la UE también ha detallado que a partir de 2022 los vehículos deberán estar equipados además con sistemas de frenado inteligente, de advertencia por distracción, de mantenimiento de carril, de detección de marcha atrás, interfaz para la instalación de alcoholímetros antiarranque, señal de frenado de emergencia, y un registrador de datos de accidentes (caja negra). Entre las novedades de la nueva normativa también están una cámara trasera para reducir atropellos, luces que parpadean en frenadas de emergencia o un sensor de somnolencia para movimientos y trayectorias erráticas. El objetivo es reducir la cifra de muertes por accidentes de tráfico en Europa, unos 25.000 al año (y unos 135.000 heridos graves).

El nuevo Opel Astra fue el primer modelo en popularizar el sistema de iluminación matricial Intellilux.

Hasta aquí todo muy bien y muy bonito. Pero la realidad es otra; primero, el encarecimiento de precio que algunas de estas ayudas suponen, y segundo su dudosa eficacia, porque ni todos los sistemas son igual de eficientes ni se basan en los mismos principios de actuación. De entrada hay ayudas que nos parecen útiles y convenientes (por ejemplo el frenado autónomo para evitar el atropello de peatones y ciclistas), pero otras son francamente cuestionables. En concreto, el limitador de velocidad, cuando se basa en la lectura errática de señales de tráfico (a menudo lee señales de vías paralelas de servicio, que nada tienen que ver por la principal por la que rodamos). O asistentes como el aviso activo por cambio de carril (que entorpece la maniobra en caso de una maniobra intempestiva de evasión) si no ponemos el intermitente…

Sinceramente creemos que esta orgía de ayudas electrónicas es a menudo contraproducente, y que lejos de mejorar la pericia de los conductores y la seguridad del tráfico, con frecuencia es causa de desatención y equívocos. Es otro fruto del ordenancismo político imperante que llevado al absurdo parece querer prohibir todo lo que no sea obligatorio.

Bienvenidos sean avances reales como el ABS y el ESP, o los faros LED de iluminación variable selectiva, o el control de crucero inteligente. Pero la limitación automática de velocidad por la lectura de señales, sabiendo cómo se ponen algunas, por favor… Pero claro, no es políticamente correcto llevar la contraria en este tema. El año pasado, la DGT ya se mostraba a favor de la instalación obligatoria de estos limitadores de velocidad en los vehículos para reducir así las cifras de siniestralidad. Y no nos oponemos, pero siempre que su aplicación no sea fija y obligatoria, sino que sea el conductor quien decide cuando actúa y cuando no. Y menos demagogia con la reducción de muertes en accidentes de tráfico: ¿Por qué no se dicen cuántas de esas 135.000 muertes anuales ocurren en Europa occidental y cuántas en la Europa del Este? Porque la suma anual de víctimas mortales de tráfico en Alemania, España, Francia, Italia, Benelux y Portugal no llega a 25.000… ¿Y por qué no también en las motos, que son las más infractoras? En definitiva, primero mejorar y luego imponer, respetando siempre la capacidad de decisión y mando del conductor.