Evolución sostenida
• Habitabilidad y maletero
• Motor potente y elástico
• Comportamiento impecable
• Confort de marcha
• Poca altura al suelo
• Desarrollos del cambio largos
• Precio elevado
El Honda CR-V se ha puesto al día en esta segunda fase de su cuarta generación. Presenta diversos retoques externos y una nueva versión de su último turbodiesel 1.6i-DTEC potenciado hasta los 160 CV acompañada de un nuevo cambio automático con 9 relaciones, que aquí probamos en acabado Executive Sensing.
Una actualización que supone todo un salto adelante y que le ha permitido prescindir del motor 2.2 DTEC incluso en esta versión 4×4, ganando en consumo e incluso prestaciones con un modelo más “crossover” pero sin olvidar su vocación familiar. Mantiene la plataforma y medidas ya conocidas, ahora bajo una imagen más atractiva y aerodinámica.
Las modificaciones más notables se aprecian en su frontal, con faros más grandes que enlazan en la nueva parrilla de dos lamas horizontales. Además, hay un nuevo paragolpes y un nuevo escudo protector mayor delantero que refuerzan su anchura a la vez que rebajan visualmente su centro de gravedad. Detrás, los principales cambios afectan a los grupos ópticos, con lámparas de diodos, que se han modificado para dar al CR-V un aspecto tridimensional más fluido manteniendo su posición vertical. Hay un aumento de la calidad percibida y mejores ajustes y remates, junto a un portón más ligero que rebaja su umbral de carga.
Buena habitabilidad.- El acceso al coche es cómodo, con puertas que abren a 90º para acceder mejor a las grandes butacas delanteras y a la cómoda banqueta posterior, que admite tres adultos sin problemas de espacio, dada su holgada anchura y espacio para piernas, así como altura libre al techo. A cambio pierde el ajuste longitudinal de los asientos traseros deslizables (¡lástima!) y la consola del pasillo central, y gana un nuevo apoyacodos central deslizante (16 cm hacia atrás y adelante) entre los asientos delanteros.
Cuenta con un generoso maletero con casi 600 litros reales (589 oficiales), más que suficiente para el equipaje de 5 adultos. Y para ampliar su volumen, los respaldos se abaten automáticamente tirando de una palanca situada en el maletero. Para devolverlos a su posición original no hay despliegue automático, pero la operación es sencilla y requiere poco esfuerzo (precisamente este sistema es el responsable de la pérdida de la posibilidad de desplazar longitudinalmente los asientos).
El salpicadero gana en elegancia con la inserción de un perfil cromado a lo ancho, y dispone su instrumentación (navegador incluido) al alcance del conductor, con un pequeño volante (37 cm) multifunción. A la izquierda del salpicadero se encuentra el botón verde Econ que actúa sobre el acelerador y el aire acondicionado para disminuir el consumo de gasóleo, mostrando símbolos para valorar la conducción más eficiente.
Equipamiento al máximo nivel.- El equipamiento del CR-V Executive Sensing trae casi todo de serie menos la pintura metalizada. Sin querer ser exhaustivos destacamos: 8 airbags, faros de xenón activos, Honda Connect con toda su variedad de funciones integradas a través de una pantalla táctil de 7”, sensores de aparcamiento y cámara de visión trasera. Entre otras funciones, se incluyen el acceso a Internet con varias aplicaciones preinstaladas así como acceso al Honda App Center, el navegador Garmin por satélite (Connect Navi) o por Internet, sensores de luz y lluvia, climatizador bizona, asientos y portón eléctricos, techo panorámico, alerta anticolisión, aviso de salida de carril, reconocimiento de señales de tráfico, cambio automático de luces, aviso de presencia en ángulo muerto, aviso de tráfico cruzado, frenada activa urbana, etc… Todo por 42.900 euros es un precio ya bastante alto, aunque quienes no sean tan exigentes en el equipamiento tienen este mismo CR-V 4×4 1.6 DTEC de 160 CV con cambio manual por 34.300 euros en el nivel Elegance…
Mecánica brillante.- Precisamente es este motor 1.6i- DTEC la estrella de este modelo, con su alimentación biturbo que sube su potencia de los 120 CV del 1.6i- DTEC monoturbo a los 160 CV de éste con un par máximo de 35,7 mkg, 5 mkg más que el motor de 120 CV, un rendimiento espectacular para un motor de 1.597 cc (nada menos que 100 CV al litro). Este aumento se explica por la aplicación de un segundo turbocompresor, que sopla en serie sobre el primero que además es ahora de geometría variable (el segundo no). Un resultado con mucho mérito en un motor que cumple la normativa Euro 6 sin necesidad de catalizador SCR ni de aditivarlo con AdBlue…
Es entre 2.500 y 3.500 rpm cuando ambos turbos soplan a la vez, para continuar con una transición imperceptible de sus dos etapas, dejando de actuar el pequeño inicial (soplando sólo el grande) por encima de 3.500 rpm. En marcha, este 1.6i-DTEC 160 CV lo tiene todo: sube de vueltas como un motor de gasolina y empuja con decisión a bajo régimen, siendo muy elástico con un nivel sonoro y sin vibraciones similar al de una berlina de lujo, y prácticamente sin vibraciones.
En carretera mueve la voluminosa carrocería del CR-V con la misma soltura que el anterior 2.2i-DTEC , pero gastando menos. La entrega de potencia es progresiva pero contundente, ofreciendo a medio régimen la máxima respuesta cuando soplan los dos turbocompresores, sin penalizar su cómodo uso a bajo o alto régimen, donde se estira por encima de las 4.000 rpm.
Caja de cambios de 9 relaciones.- La otra gran novedad, es la caja de cambios automática ZF de 9 velocidades, más ligera (35 kg) que la anterior automática de 5 del 2.2i- DTEC (ayudando a rebajar a 134 grs/km la emisión de CO2 del nuevo motor), y de funcionamiento suave, rápido y preciso. La verdad es que 9 marchas podrían parecernos un tanto excesivas pero al menos le permiten la relación adecuada a cada situación, y aunque en la 9ª peque de un desarrollo claramente exagerado (más de 75 km/h a 1.000 rpm), nos queda una 8ª y 7ª más racionales para correr gastando poco.
Así las cosas, sus prestaciones no difieren apenas de las del CR-V 2.2i- DTEC al que reemplaza: 197 km/h de velocidad punta y 10 segundos en el 0-100 km/h (190 km/h y 9,7 segundos respectivamente el 2.2), mientras que el consumo oficial combinado baja a 5,1 lts/100 km (5,8 en el 2.2i- DTEC), algo a lo que también contribuye su menor peso total (1.658 kg), entre los 30 kg menos del motor y los 35 kg menos del nuevo cambio.
Oficialmente con este cambio cubre el 0-100 km/h en 9,6 segundos y los 400 m en 16,5, haciendo el km desde parado en 30,9 segundos. En la práctica no llega a tanto pero ofrece muy buenas recuperaciones como automático (a 50 km/h con el selector del cambio en D y pisando a fondo cubre los 400 m en sólo 15 segundos y los 1.000 m en 28,9).
En lo referente a consumo, aunque inferior al del 2.2i- DTEC puede parecer un poco alto, pero no hay que olvidar que la tracción 4×4 también influye. Con todo entre su menor peso y la eficiencia de su motor supera a la mayoría de sus rivales. A 90/100 km/h gasta 6,1 lts/100 km, a 120/130 km/h, 7,0 lts/100 km y en conducción urbana no pasa de 7,5, con un consumo medio de 6,9 lts/100 km.
Comportamiento: tan bueno como el mejor.- Al volante, se aprecia pronto que el tacto de este CR-V se aleja de los SUV todocamino para acercarse a las berlinas de prestigio. En la dirección se nota su mayor ligereza frente al CR-V 2.2i-DTEC 4×4 (son 65 kg menos entre motor y cambio automático sobre el eje delantero), además de que ahora es más directa y rápida (su desmultiplicación se reduce con la nueva asistencia eléctrica, y pasa de 3,1 a 2,5 vueltas de volante entre topes) girando mejor en maniobra.
Por otra parte, la mejora de la geometría de suspensiones para disminuir su subviraje, así como la amortiguación más firme que no afecta a su logrado confort de marcha, acaban de redondear un comportamiento que ya era de por sí entre los mejores de los SUV sobre asfalto. Las barras estabilizadoras son más gruesas (+15 mm) y el centro de gravedad se ha rebajado, y con ello se ha reducido el balanceo en curvas y apoyos rápidos, con mayor precisión de guiado, lo que transmite al conductor más seguridad. Los frenos son eficaces y rotundos gracias a sus grandes discos delanteros ventilados de 308 mm de diámetro y los traseros macizos de 298 mm, proporcionando a través de su servo un tacto agradable y una gran progresividad.
A cambio, fuera del asfalto y pese a su tracción 4×4 este CR-V es ante todo un todo camino y no un todo terreno, tanto por sus ángulos de ataque y salida como por sus 16 cm de altura libre al suelo, que sólo le permiten circular por pistas de tierra sin asfaltar y no tanto por terrenos realmente rotos campo a través. Pero sí se porta bien sobre suelos de bajo agarre, gracias a la transmisión Real Time 4WD, con diferencial central viscoso con control electrónico que actúa más rápido ante perdidas de motricidad tanto en el eje delantero como en el trasero.
En conclusión, el Honda CR-V 1.6i-DTEC 4×4 Executive Sensing es uno de los mejores todo camino de nuestro mercado, enfocado hacia el asfalto y muy refinado en todos los aspectos, con un completo equipamiento y una nueva mecánica brillante y sobria. A cambio tiene ya un precio elevado (42.900 €) al tratarse de la versión más lujosa de la gama, al nivel de los rivales “premium” de su categoría.